Fijando nuestros ojos en Jesús en cada Temporada
- David Alejandro Rodriguez Azañon
- Mar 3, 2025
- 3 min read
Me senté allí, abrazado por la hermosa quietud de Su creación: el suave susurro del viento, el resplandor tenue del sol poniente y la calma que invitaba a mi alma a hacer una pausa. En medio de las distracciones de la vida diaria, me di cuenta de que la verdadera paz y propósito vienen cuando fijamos nuestra mirada en Él. Mientras contemplaba las maravillas a mi alrededor, encontré consuelo en saber que, al fijar nuestros ojos en Jesús, somos guiados a un viaje de fe más profundo y pleno.

Mirando hacia atrás, puedo decir con confianza que enero y febrero se sintieron como una montaña rusa. La vida ha estado llena de altibajos: momentos de alegría, momentos de lucha y todo lo demás. Algunos días, las cosas fluyen sin esfuerzo, mientras que en otros, el peso de las responsabilidades, las emociones y los desafíos se siente abrumador. Pero en medio de todo, una pregunta sigue resonando en mi corazón: ¿Dónde está mi enfoque? ¿Dónde está mi corazón?
Cuando llegan las tormentas de la vida—grandes o pequeñas—¿estamos manteniendo nuestra mirada fija en Jesús? ¿Realmente lo vemos obrando en nuestras circunstancias, o nos dejamos distraer por el caos que nos rodea?
Si estás leyendo esto hoy, me gustaría que tomaras unos minutos para reflexionar. Piensa en todo lo que has vivido recientemente: las victorias, las luchas, los momentos de duda. En esos momentos, ¿tus ojos estaban fijos en Jesús? ¿O permitiste que el miedo, la preocupación o la incertidumbre tomaran el control?
El libro de Hebreos nos recuerda algo poderoso:
“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” — Hebreos 12:2
Este versículo nos da una imagen hermosa de la fe. Jesús mismo soportó la cruz, sabiendo el propósito mayor que tenía por delante. Él vio más allá del sufrimiento y fijó su mirada en el gozo que vendría. ¿Y si hiciéramos lo mismo? ¿Y si, en lugar de dejarnos consumir por las dificultades de hoy, levantáramos nuestra mirada y eligiéramos confiar en Aquel que sostiene nuestro futuro?
Es increíble cómo nuestra relación con el Señor lo cambia todo. Ahora, no me malinterpretes—seguir a Jesús no significa que no enfrentaremos dolor, quebranto o fracasos. De hecho, esos momentos suelen ser necesarios para nuestro crecimiento. Pero la diferencia es que, con Él, nuestro dolor no es en vano. Él da propósito a nuestro sufrimiento, belleza a nuestro quebranto y fortaleza en nuestra debilidad. Abre puertas donde no vemos ninguna, provee una salida cuando nos sentimos atrapados y, a veces, simplemente nos envuelve en Su amor cuando más lo necesitamos.
Aun en mis momentos más difíciles, puedo ver al Rey de Reyes interviniendo en mi vida, haciendo que cada día sea un poco mejor. A veces, Él me da claridad cuando estoy inseguro. Otras veces, me da instrucciones y dirección cuando me siento perdido. Y, aun cuando no tengo todas las respuestas, Él me recuerda que no necesito tenerlas—porque Él es el Camino.
“Jesús le dijo: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí.’” — Juan 14:6
Así que hoy, sin importar dónde estés o en qué temporada de tu vida te encuentres, te animo: fija tus ojos en Jesús. Él es el camino en medio de la tormenta, la verdad en la confusión y la vida en medio del cansancio. Sigue mirándolo a Él, y te darás cuenta de que siempre ha estado contigo.
Mientras sigo caminando en fe y sirviendo como misionero a tiempo completo, te pido que me tengas en tus oraciones. Ora para que permanezca arraigado en Sus planes, para que continúe confiando en Él con todo mi corazón y para que pueda alcanzar a las personas a las que Él me ha llamado a servir. ¡Tus oraciones significan más de lo que imaginas!
Si sientes en tu corazón apoyarme en la obra que el Señor me ha encomendado, te estaré inmensamente agradecido. Puedes hacerlo financieramente donando en givetogive.org/donate-chicho o mediante una transferencia bancaria a mi cuenta de ahorros:
Nombre: David Rodríguez
Banco: BAC
Número de cuenta: 971083001
Gracias por ser parte de este viaje conmigo—ya sea a través de la oración, el ánimo o el apoyo. Sigamos fijando nuestros ojos en Jesús, sabiendo que Él siempre nos está guiando.




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